LA BELLEZA EN 2021 Y MÁS ALLÁ

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Si algo aprendimos en 2020, es que no existen las predicciones. Lo imprevisible sucedió y todos tuvimos que desechar nuestras proyecciones y planes y empezar de cero. Ya sea para bien o para mal, este año nos ha obligado a cambiar, un cambio que podría tener un impacto duradero en nuestros patrones de consumo.

Sí, las vacunas han comenzado a aprobarse y los analistas han empezado a predecir un «regreso a la normalidad» en distintos momentos del próximo año. La experiencia de China sugiere sin duda que una recuperación es posible. Pero Toto, no creo que Occidente siga en Kansas. O al menos, espero que no. Sin ánimo de ofender a Kansas, pero esta es una oportunidad para construir nuestro propio Oz (sin los espeluznantes monos voladores, por favor) y deberíamos aprovecharla. No tenemos control sobre los ingresos disponibles ni las tasas de empleo, pero sí podemos asegurarnos de producir productos que satisfagan las necesidades de los consumidores en la era post-Covid.

¿Y cuáles serán esas necesidades? Bueno, todos hemos tenido la oportunidad de replantearnos nuestra situación. Según un artículo reciente publicado en The Guardian, en el Reino Unido, la deuda se ha amortizado a niveles récord desde el inicio de la pandemia y el gasto medio por hogar ha disminuido en 6600 libras. Ahora ahorramos el 33 % de nuestros salarios, frente al 14 % anterior a la pandemia. Puede que al principio no tuviéramos muchas opciones, pero un año después, hemos cambiado nuestros hábitos y hemos adoptado otros nuevos.

Y a medida que nos hemos vuelto consumidores más conscientes, es más importante que nunca que los productos tengan un propósito. Entramos en la nueva era del consumo responsable. No es que no vayamos a gastar nada —de hecho, quienes han conservado sus empleos están mejor económicamente que antes de la pandemia y, con los tipos de interés tan bajos, sus ahorros no se revalorizan—, sino que gastaremos de forma diferente. Y en lo más alto de la lista de prioridades está la «belleza azul»: productos que apoyan la conservación de los océanos con ingredientes sostenibles de origen marino y una atención adecuada al ciclo de vida del envase.

En segundo lugar, hemos pasado más tiempo en casa que nunca y, naturalmente, hemos modificado la forma en que usamos el espacio. Cada vez es más probable que desviemos fondos que antes destinábamos a comer fuera para mejoras en el hogar, y el sector de la belleza puede sumarse a esta tendencia a través de su rama tecnológica. Los refrigeradores para cosméticos, los espejos inteligentes, las aplicaciones, los dispositivos de seguimiento y los aparatos de belleza están experimentando un auge, ya que los consumidores buscan recrear la experiencia del salón en casa y obtener asesoramiento y análisis más personalizados, además de medir el rendimiento.

Asimismo, nuestros rituales nos han ayudado a superar este año y es probable que el autocuidado siga siendo una prioridad durante los próximos 12 meses. Queremos sentirnos bien y darnos un pequeño capricho diario, por lo que el aspecto sensorial cobrará cada vez más importancia en los productos. Esto se aplica no solo a los tratamientos que requieren más tiempo, como una mascarilla facial, sino también a los básicos. Cuando no hay mucho más que hacer que lavarse los dientes y las manos, queremos que esa "experiencia" sea placentera.

Por último, no cabe duda de que el bienestar seguirá siendo una prioridad cada vez mayor. La cosmética natural y el CBD llegaron para quedarse, y podemos esperar que los ingredientes que refuerzan el sistema inmunitario y términos como "antiinflamatorio" se conviertan en tendencia.


Fecha de publicación: 28 de abril de 2021